LA TEXTUALIZACIÓN, LA POLIALFABETIZACIÓN Y LA INFOALFABETIZACIÓN DEL DISCURSO ESCRITO EN LA ERA DIGITAL E INFORMACIONAL


Nuevas tecnologías en el proceso de enseñanza-aprendizaje
Loja: Universidad Técnica Particular de Loja, 2019, pp. 127-129
ISBN: 978-9942-25-433-7 | Analysis vo. 22 | pdf/doi: 10.5281/zenodo.000000

Resumen: Esta ponencia describe y analiza algunas coordenadas desde el orden hermenéutico y axiológico-contextual que se correlaciona entre la cultura oral, la escritura y la electrónica en la sociedad global del conocimiento. Desde estas perspectivas, la intención es la de aproximarse al tratamiento y reflexión de algunas temáticas que estudian el fenómeno de la lectura y la escritura en relación con la tecnología, y que desde el mundo digital e informacional provocan y promocionan una serie de comportamientos cognitivos a partir de los cuales la persona alfabetizada construye unos modelos mentales para comunicarse, y con los cuales ejerce una marcada influencia comportamental para percibir la realidad y responder ante ella desde unas circunstancias situacionales y comunicacionales próximas a su experiencia vital.

Palabras Clave: Pensamiento; Lectura; Humanístico; Científico; Texto; Semántica.

Este trabajo se ubica en el ámbito teórico; en tal sentido, metodológicamente se enmarca en el mundo de la reflexión, y se afianza en la propuesta argumentativa de varios especialistas que en el campo de la textualización del discurso escrito en la era digital e informacional nos encaminan a repensar la educación desde una de las mejores herramientas intelectuales y emocionales que el ser humano tiene para afirmar y confirmar su existencia en el mundo: el lenguaje. A través de él el pensamiento fluye para entrar en contacto con el medio, con las circunstancias personales y contextuales; «pues entendemos que el lenguaje media la adquisición, apropiación y aplicación de todo conocimiento. (…) La lengua es ante todo un instrumento utilizado por el ser humano para interpretar la realidad objetiva, psíquica y social, que orienta su conducta en el mundo» (Díaz 2009, pp. xii–xiii).

Por eso, dada la importancia, quizá la más vital para que el ser humano pueda realizarse plenamente, existen en todo el mundo infinidad de especialistas que se encargan de estudiar el fenómeno de la lengua desde varias ópticas, y todo con el ánimo de que aprendamos a desarrollar las mejores habilidades comunicativas y crezca así la más cálida expresión de lo humano. Claro está que, como sostiene el neurolingüista Robert Dilts: «El lenguaje constituye uno de los componentes fundamentales a partir de los cuales construimos nuestros modelos mentales del mundo, y puede ejercer una tremenda influencia sobre el modo en que percibimos la realidad y respondemos ante ella» (2008, p. 23).

En este contexto, la oralidad, la escritura y la electrónica son tres formas de comunicación fundamentales para el desarrollo del pensamiento humano individual, social, cultural y humanístico–científico.

La cultura oral, por ejemplo, es altamente tradicionalista, conservadora; dedica gran energía a repetir una y otra vez lo que se ha aprendido arduamente a través de los siglos. Las culturas orales están fuertemente contextualizadas, son situacionales y próximas a la experiencia vital. Las palabras cobran su sentido en el contexto de la vida real, a partir del uso (Abendaño 2005, pp. 23–24).

Oralmente hay cabida para seguir expresando lo que el ciudadano común y el altamente letrado y alfabetizado electrónicamente, seguirá manifestando lo que siente desde su particular visión para opinar y para cuestionar oralmente lo que cree que es necesario manifestarlo a viva voz y con la ayuda de los medios electrónicos a su alcance.

Un caso patético es el de las redes sociales, en las que la escritura y la imagen no son más que un medio para expresar con ética, o incluso sin ella, el desarrollo de su oralidad. Es decir, el ciudadano que escribe en estas redes no escribe porque esa sea su predilección, sino porque quiere expresar su sentir del momento y sin previa manifestación del cuidado que exige el texto escrito. Estas secuencias orales son lineales y sin mayor preocupación por la escritura lingüísticamente correcta, puesto que lo que le importa es la manifestación del condumio de su oralidad que se evidencia en ese momento con el contertulio o persona con la cual se establece la comunicación en ese instante, aprovechando como buen pretexto un medio electrónico.

Sin embargo, esta nueva cultura alfabetizada de la lectura–escritura electrónica es lo que preocupa al mundo académico, a los científicos y a los investigadores que trabajan en el campo de la educación y de la sicología, y que debería preocupar a los profesores, sobre todo porque un alto porcentaje de los maestros, en el mundo entero, son los que aún no han podido incorporar su quehacer profesional desde nuevos enfoques didácticos que los investigadores en el campo de la lectura y de la escritura ya los vienen tratando de manera adecuada.

Con el advenimiento de la nuera era digital, de la electrónica y de la superinformación han aparecido espacios para infinidad de discursos sociales que urgen tratarlos desde la búsqueda de nuevas competencias lectoras y escritoras de manera que haya una rehumanización en el ámbito de la lectura y de la escritura.

Eloy Martos Núñez, incluye al menos seis categorías interconectadas, que van de la alfabetización básica (leer, escribir, expresarse oralmente con corrección) a la alfabetización digital, la alfabetización mediática, la alfabetización multimedia, la alfabetización intercultural y la alfabetización informacional (2013, p. 17).

En la era digital, es el texto electrónico, por lo tanto, el que exige un nuevo alfabetismo para leer y escribir. Por supuesto, el libro físico sigue manteniendo su majestuosidad, su querencia para que sea abordado con la pasión y el afecto que siempre le tiene el buen lector; pero por la facilidad para encontrar cualquier tipo de información en Internet, son los dispositivos electrónicos los que facilitan el encuentro y la manipulación de la información, y cuyas formas lectoras y de escritura exigen nuevas prácticas.

Así sucede, por ejemplo, con un hipertexto, cuya definición la puntualiza Eduardo Encabo, cuando asevera que el concepto de hipertexto es el que mejor define el modo de abordar la lectura en la segunda década del siglo XXI. Podemos considerarlo como un documento electrónico compuesto por unidades textuales interconectadas que forman una red de estructura no lineal. Precisamente en el aspecto no lineal reside el punto esencial del cambio lector. El hecho de tener que leer de un modo distinto puede provocar dispersión y hastío o, viceversa, también puede motivar gran satisfacción. De alguna forma, esta situación va a depender del modo de acceder al conocimiento que las personas poseen. Por esa razón, se considera la educación unida a las nuevas situaciones lectoras (Martínez 2009, p. 308).

En tal sentido, un lector con un adecuado interés de su espíritu se vuelve infoalfabetizado cuando, según las normas ALFIN (alfabetización informacional) es capaz de:

Determinar el alcance de la información necesitada. Acceder de forma efectiva y eficiente a la información requerida. Evaluar de forma crítica la información y sus fuentes e incorporar la información seleccionada en la propia base de conocimientos y sistema de valores. Usar la información de forma efectiva para llevar a cabo un propósito específico. Entender los aspectos económicos, legales y sociales que rodean el uso de la información, y acceder y utilizar la información de forma ética y legal (Martos y Campos 2013, p. 25).

En conclusión, con el advenimiento de la nuera era digital, de la electrónica y de la superinformación han aparecido espacios para infinidad de discursos sociales que urgen tratarlos desde la búsqueda de nuevas competencias lectoras y escritoras de manera que haya una rehumanización en el ámbito de la lectura y de la escritura. Por consiguiente, una persona infoalfabetizada, según María Pinto, es aquella que está en condiciones de «saber escoger, saber dar sentido a la información y saber utilizarla para resolver problemas, encarar nuevas situaciones y continuar aprendiendo (…) a lo largo de la vida en la sociedad contemporánea» (Martos y Campos 2013, p. 24).

Referencias

Avendaño, Fernando (2005). La lectura y la escritura ya no es lo que era. Lecturas, escrituras, tecnologías y escuela. Rosario, Santa Fe: Homo Sapiens Ediciones.

Díaz, Álvaro (2009). Aproximación al texto escrito. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia.

Martos Eloy, y Campos Mar. coord (2013). Diccionario de nuevas formas de lectura y escritura. Barcelona: Editorial Santillana.

Dilts, Robert (2008). El poder de la palabra. Programación neurolingüística, traducción de David Sempau, Barcelona: Ed. Urano.

Martínez, Jaime (2009). Aportes del modelo psicolingüístico a la escritura. Bogotá: Ed. Magisterio.